jeudi 17 août 2006

La función de la información estratégica en las relaciones internacionales



La noción de información nace del verbo informar (informare en latín) que significa "dar una forma". En lo sucesivo, su definición aparece como indisociable de los cambios tecnológicos recientes donde se toma conciencia que la información es una entidad específica, incluso una entidad cuantificable, cuando pertenece al vocabulario de la informática, la biología o las telecomunicaciones (como conjunto de signos codificados). La información será comprendida aquí, entonces, como un almacenamiento de datos (mensajes, signos, símbolos) transformado por el proceso de comunicación. Esta comunicación permite al ser humano crear significados nuevos, interpretar los mensajes y transformar las ideas y los conocimientos dialogando con el prójimo. 

Se trata entonces de estudiar la función de la información en el seno de las Relaciones Internacionales a fin de comprender cuál es su dimensión estratégica. Para ello conviene analizar, en primer lugar, lo que permite postular la existencia de una función estratégica de la información. Luego, podremos determinar por medio de qué procedimientos la información puede llegar a ser estratégica en las relaciones internacionales, es decir, la cuestión de su transformación y de su utilización. Por último, en esta fase podremos evaluar claramente las consecuencias de un valor estratégico sobre las Relaciones Internacionales.

La primera pregunta que se plantea ante cualquier análisis de las implicaciones estratégicas de la información es: ¿Tiene la información una función estratégica?


Versión española, publicado in: « Terrorismo Global : Gestión de información y servicios de inteligencia », Diego Navarro Bonilla, Miguel Angel Esteban Navarro(coords), edisión  Universidad Carlos III de Madrid, Madrid 2006. pp 273-288.


 



Para responder a esta pregunta hay que estudiar la eventual relación entre la estrategia y la información. La estrategia remite al arte de dirigir un conjunto coordinado de acciones racionales que apuntan a un objetivo. Para alcanzar su fin, este conjunto de acciones debe ser substituido por un amplio conocimiento de las consecuencias de estas acciones. La efectividad de una estrategia depende de un perfecto conocimiento del objetivo a alcanzar y de la facultad para anticipar las reacciones del adversario. Se deduce directamente la función esencial que desempeña la estrategia en la conducta de las Relaciones Internacionales ya sea en tiempos de paz o de guerra. En efecto, un Estado para hacer valer sus intereses diplomáticos o militares debe poder anticipar las reacciones de los demás Estados. Ahora bien, para anticipar las reacciones del prójimo es necesario conocer sus objetivos. Robert Dahl (01) definía el poder como la capacidad de actuar sobre la probabilidad de los resultados de una situación determinada. El conocimiento y el saber aparecen entonces como los fundamentos del poder.